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Kahlil Gibran - Líbano 1883-1931
'El Profeta'
                                               LOS HIJOS

Y UNA MUJER que llevaba un niño en los brazos dijo: Háblanos de los Hijos. Y dijo él: Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas del ansia de la Vida por sí misma.
Vienen a través vuestro, pero no son vuestros.
Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.

Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos, porque ellos tienen sus propios pensamientos. Podéis abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
pues sus almas habitan en la mansión del mañana, que no vosotros podéis visitar, ni siquiera en sueños. Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no intentéis hacerlos a ellos como a vosotros. Ya que la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer. Sois los arcos con los que vuestros niños, cual flechas vivas, son lanzados.
El Arquero ve el blanco en el camino del infinito, y Él, con Su poder, os tenderá, para que Sus flechas puedan volar rápidas y lejos.
Que la tensión que os causa la mano del Arquero sea vuestro gozo,
ya que así como Él ama la flecha que vuela, ama también el arco que permanece inmóvil.
Como dice la canción, "las alas crecen para usarlas y volar"


                                             
MATRIMONIO

ENTONCES ALMITRA habló de nuevo y dijo: ¿Y qué nos dices del Matrimonio, Maestro? Y él respondió, diciendo:
Habéis nacido juntos y juntos permaneceréis para todo y siempre.
Juntos estaréis cuando las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Sí, juntos permaneceréis en la silenciosa memoria de Dios.
Pero que haya espacios en vuestra comunión,
y que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos uno al otro, pero no hagáis del amor una traba:
Que sean más bien un mar bullente entre las playas de vuestras almas.
Llenaos las copas el uno al otro, pero no bebáis en una sola copa.
Compartid vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Bailad y cantad juntos y sed alegres; pero permitid que cada uno pueda estar solo, al igual que las cuerdas del laúd están separadas y, no obstante, vibran con la misma armonía.
Daos vuestro corazón, pero no os lo entreguéis en custodia.
Ya que sólo la mano de la Vida puede guardar vuestros corazones.
Vivid juntos, pero tampoco demasiado próximos;
ya que los pilares del templo se erigen a distancia,
y la encina y el ciprés no crecen a la sombra uno del otro.


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